“Backup” del artículo original “Pintando con agua y luz” publicado por Roberta Bosco y Stefano Caldana el 16 de diciembre de 2014 en Aquae Blog.

“Water Light Graffiti está a mitad de camino entre el ágora y la puerta de tu nevera. Es un lugar dónde puedes dejar mensajes efímeros y también jugar a tres en rayas”. Lo afirma el creador francés Antonin Fourneau a propósito de su más reciente instalación interactiva, Water Light Graffiti. La obra consiste en una pantalla luminosa de dimensiones variables, donde se puede pintar armados tan sólo de un cubo de agua y el instrumento que cada uno prefiera: pinceles, mangueras, pulverizadores o simplemente los dedos mojados.
Sencillez, libertad, espontaneidad y participación activa del espectador son las palabras clave que inspiran Water Light Graffiti. La pieza esgrime una sencillez abrumadora también desde el punto de vista tecnológico, ya que la instalación se presenta como una simple pizarra de dimensiones variables, incrustada por miles de LEDs que se iluminan a contacto con el agua. “Cuando el líquido alcanza el marco de un LED, se crea un puente eléctrico que genera la potencia necesaria para iluminar el LED incrustado debajo de la superficie. Cuanto más húmeda es la pizarra más brillante se pone”, explica Antonin Fourneau, que además de artista es docente de Arte Digital en la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas (ENSAD) de París.
Aunque se pudo ver durante unos días en el Mobile World Congress de Barcelona, esperemos tener la ocasión de volver a disfrutar Water Light Graffiti en España más tranquilamente. Por el momento y hasta marzo 2015, es posible verlo en la Foundation EDF de París, en el marco de #StreetArt, L’innovation au cœur d’un mouvement, una exposición dedicada a las nuevas tendencias del arte callejero.
Y es precisamente en la relación que se establece entre el espectador y el graffiti que insiste el artista. “Water Light Graffiti es una experiencia mágica, independientemente de la edad del público o de su sensibilidad artística”, indica Fourneau. “Dibujar con la luz a través de un elemento como el agua, que no tiene forma ni color, es un ejercicio que ofrece la posibilidad de apreciar un nuevo tipo de interacción con la arquitectura urbana”, añade el artista, destacando la naturaleza efímera y sostenible de la instalación y las infinitas posibilidades que puede originar. “Se puede experimentar cómo utilizar el agua o jugar con el tiempo y la velocidad de evaporación. Además Water Light Graffiti resulta sorprendentemente sensible a las condiciones meteorológicas y en los días de mal tiempo reacciona de forma autónoma dando vida a una sugestiva lluvia de fuegos artificiales luminosos”, concluye Fourneau, que lleva desarrollando toda su carrera en el marco de las artes digitales e interactivas, haciendo especial hincapié en la participación lúdica del público y las dinámicas creativas que se establecen entre grupos de espectadores.

Actualmente el principal objetivo de Fourneau, que en 2008 realizó una residencia en Medialab-Prado de Madrid con el proyecto Oterp (un juego de música geolocalizado), es seguir desarrollado el Water Light Graffiti, exprimiendo todas sus potencialidades. Por ejemplo, con la colaboración de la productora parisina Art2M está investigando las posibilidades que ofrecen los distintos tamaños de la pizarra electrónica y el uso de diferentes líquidos. “Puede ser integrado en cualquier lugar y espacio arquitectónico e incluso convertirse en un objeto manejable, útil para dejar notas y mensajes en ambientes domésticos o profesionales. También estoy investigando con elementos húmedos, como glicerina y geles que pueden mantenerse estables durante mucho más tiempo que el agua”.
A lo largo de 2015, Water Light Graffiti participará en numerosos festivales y exposiciones internacionales de ciudades como Estambul, Cambridge, Miami, Túnez y Abu Dabi, empezando el próximo enero con el Lux Festival de Helsinki (Finlandia).
Además de ser un elemento fundamental en el ciclo del agua, las nubes gozan desde siempre de un enorme potencial evocador y alegórico, tanto en el ámbito artístico y literario como en la vida cotidiana. Sin embargo con el avance de las nuevas tecnologías conceptos como subir y bajar de las nubes, ya no aluden a soñar despiertos o estar despistados. La nube ha dejado su simbología tradicional para imponerse como una de las metáforas estrella del sector informático, que ha desarrollado una jerga pseudo-tecnológica donde la expresión cloud computing define servicios que están en la red al alcance de los dispositivos electrónicos.
“Subimos nuestro trocito de vida a la nube, las fotos de las vacaciones, el libro que estamos leyendo, el mail en el que nos dan una buena noticia, esa canción especial. Sin embargo imaginarla ya es otra cosa. Pensar en ella es difícil y dotarla de una fisicidad aún más. Este proyecto es un intento de convertir en realidad el deseo de materializar el aspecto físico de una nube digital de datos y archivos”, afirma whoun, un artista que se ha formado en el prestigioso Máster en Arte Interactivo y Nuevos Medios del Interface Culture Lab de la Universidad de Arte y Diseño, en la ciudad austriaca de Linz.
Obligados a encontrar una solución para salir del paso, decidieron sustituir el agua con luz y reducir el tamaño de la instalación. “Para reunir los datos utilizamos mensajes de Twitter, que nos permitieron establecer una relación entre los paquetes de bits y su representación a través de 64 leds luminosos en la nube”, concluye whoun, asegurándonos que no han abandonado la idea original del proyecto y planean realizarla en un futuro próximo y más concretamente tan pronto como consigan la financiación necesaria para desarrollarla.

Un taxi para visitar lugares remotos sin salir del barrio, un cajero que plantea el tiempo como una unidad monetaria alternativa o unos prismáticos que remplazan el contenido de las pancartas publicitarias. Son sólo algunas de las cautivadoras propuestas que se presentan en la 