Este año VIDA es mujer

Backup” del artículo original “Este año VIDA es mujer” publicado por Roberta Bosco y Stefano Caldana el 9 de Diciembre de 2013 en Absolut Network.

VIDA, el prestigiosos y único Concurso Internacional Arte y Vida Artificial, organizado por Fundación Telefónica de Madrid este año habla en femenino. No sólo por la dirección artística del certamen, que reconoce los mejores proyectos artísticos realizados con conceptos y técnicas de vida artificial, encargada desde 2010 a Mónica Bello, sino también porque la mayoría de los galardones reconocen la creatividad de las mujeres en el sentido más amplio del término.

Aunque pueda parecer políticamente incorrecto, se podría definirla una sorpresa y aun más si comparamos estos resultados con aquellos de otros importantes premios internacionales dedicados a las artes y las nuevas tecnologías, como los Prix del Ars Electronica Center, que sólo en contadas ocasiones han concedido los principales galardones a creadoras. Una falta hoy en día inadmisible, considerando que el uso creativo de las herramientas tecnológicas y digitales no supone distinción de género y esta desigualdad no se refleja en la realidad cotidiana, protagonizada por artistas de todo el mundo que destacan por su originalidad y creatividad.

Por tanto la elección realizada este año por el prestigioso jurado de VIDA 15.0, no nos sorprende para nada. Es más, nos enorgullece porque marca un hito en un certamen que, como su nombre indica, es el único del mundo dedicado a la creación de la vida desde la perspectiva artística y tecnológica, un tema al que evidentemente las mujeres puedan aportar propuestas desarrolladas con una especial sensibilidad.

Los máximo galardones, entre los más cuantiosos del circuito internacional, mucho más que el Golden Nica (10.000 euros), que concede el Ars Electronica Center de Linz (Austria), han recaído en dos artistas alemanas. Los 18.000 euros del primer premio han sido para Kerstin Ergenzinger por Rotes Rauschen (Ruidos rojos), una escultura sonora que funciona como órgano sensorial e instrumento musical sísmico al mismo tiempo. “El jurado ha visto en este proyecto una novedosa forma de examinar la información que reside en los espacios naturales y el modo en el que se registra como parte de nuestra experiencia sensorial”, explica Mónica Bello, directora artística de VIDA y presidente del jurado.

La escultura, que flota literalmente en el espacio expositivo suspendida del techo, se parece mucho a una entidad viva y casi incorpórea, salida de un sueño de Lovecraft. Funciona como una suerte de órgano sensorial, que capta las frecuencias sonoras del ambiente y las transforma para que sean perceptibles a través de los sentidos humanos. Asimismo, gracias a un sismómetro que captura las vibraciones sísmicas del espacio, la escultura exhibe movimientos ondulantes que parecen querer envolver en un abrazo al espectador que se le acerca. “Rotes Rauschen elabora modos de interacción, inspirados en nuestra capacidad para percibir ciertos niveles de ruidos que residen en la naturaleza y ubicarlos en el interior de un espacio unificado, que funciona finalmente como órgano sensorial y como instrumento musical sísmico a la vez”, indica Kerstin Ergenzinger.

El segundo premio, dotado con 14.000 euros, ha recaído en el proyecto de seudoficción The Moon goose analogue: lunar migration bird facility de la también alemana Agnes Meyer-Brandis.

La artista pretende convertir en realidad la aventura de Domingo Gonsales, el protagonista de la novela El hombre en la Luna, escrita en 1638 por el clérigo inglés Francis Godwin. Según la historia Gonsales consigue volar hacia la Luna en un carruaje tirado por un grupo de ‘ocas lunares’, un tipo de aves capacitado para este tipo de vuelos fantásticos. Para intentar la misma hazaña, Agnes Meyer-Brandis reconstruye la fábula criando y entrenando una colonia de gansos para que aprendan a volar hacia nuestro satélite más cercano.

El jurado, compuesto por algunos de los mejores especialistas del sector (Andreas Broeckmann, Rejane Cantoni, Martin Kaltenbrunner, Seiko Mikami, Sally-Jane Norman y Nell Tenhaaf, más la directora de Arte y Cultura digital de Fundación Telefónica, Laura Fernández-Orgaz), ha otorgado el tercer premio a Effulge, un trabajo del coreano Yunchul Kim, que plantea una reflexión estética sobre los nuevos materiales dinámicos, a partir de la elaboración casera de un nano elemento sensible a las fuerzas magnéticas, electroestáticas y gravitacionales.

A partir de unas pantallas planas, en las que toman forma elementos móviles y cambiantes, el artista nos acerca a unas dinámicas fluidas que recuerdan las doctrinas del filósofo griego Heráclito y su río, donde todo fluye, todo cambia y nada permanece.

“En estos años la categoría de vida artificial se ha expandido de forma natural a través de la hibridación de las herramientas y la ampliación de los temas con proyectos que se enfrentan al comportamiento autónomo de los medios digitales y exploran el impacto ético y social de la biología sintética”, asegura Mónica Bello que este año ha puesto en marcha un Premio Especial del Público, dotado con 2.500 euros. En la votación, que se ha llevado a cabo a través del perfil de Facebook de VIDA, el público pudo elegir entre las siete obras, merecedoras de otras tantas menciones de honor, que no conllevan aportación económica.

Los ganadores del Premio Especial del Público, que se anunciaron el pasado día 31 de octubre, han sido Cathrine Krammer y Zack Denfeld con el proyecto The Center of Genomic Gastronomy.

Se trata de un proyecto de arte y gastronomía genómica, que pretende explicar la alimentación en el contexto de la cultura actual, las nuevas tecnologías y la ecología. “A través de una variada gama de actividades como degustación de smog de diversas ciudades, exposiciones comestibles, preparación de sushi fluorescente o máquinas expendedoras de semillas, el centro construye un mapa de las polémicas en torno a la comida, ofreciendo alternativas posibles al arte culinario del futuro”, explican los artistas.

Las creadoras brillan también en las otras seis menciones honoríficas, que se otorgan exclusivamente a proyectos ya finalizados. Le grand calculateur I de la canadiense Diane Morin es una escultura dinámica basada en un ordenador que funciona a través de conmutadores analógicos, Stranger Visions de la estadounidense Heather Dewey-Hagborg se enfrenta a la temática de la identidad a partir de una investigación genética, mientras que Shadow Fugue de la coreana Sion Jeong es una instalación sonora que reacciona al tacto del público.

Cierran las menciones honoríficas Chromatographic Ballads, una obra centrada en los dispositivos de realidad aumentada de los alemanes Martin Schneider y Ursula Damm, la instalación sonora Thirty Three del alemán Nils Völker y la instalación robótica The Blind Robot del canadiense Louis-Philippe Demers, que pretende profundizar en el análisis táctil y háptico de la robótica con fines médicos.

A través de The Blind Robot, el artista se acerca a la percepción táctil del rostro mediante un software cinemático y unas manos robóticas, que palpan delicadamente el visitante como lo haría una persona ciega intentando reconocer un rostro. “Al combinar comportamientos semiautónomos y de vigilancia remota, la obra enfatiza las dimensiones afectivas del contacto entre persona y ordenador y la posible emergencia de sentimientos de empatía, confianza e incluso nuevos tipos de sensualidad”, indica Louis-Philippe Demers.

Como de costumbre los premios han contado también con 40.000 euros destinados a incentivar la producción iberoamericana, que han sido repartidos entre cinco proyectos: CyBirds – Exotic Artificial Birds in Captivity, unas máquinas voladoras parecidas a unos drones del portugués Fernando Nabais; Densities del colombiano Luis Bustamante, que propone crear un enjambre de robots aéreos dedicados a la exploración urbana; Mememe de los brasileños Thiago Hersan y Radamés Ajna, que investiga las posibilidades de la comunicación entre máquinas; Soundbiosis, un parásito sonoro del español Enrique Tomás y Daeambulatoria de los asturianos Fernando Gutiérrez López y Daniel Romero Calderón (.tape), que trabajan con instalaciones interactivas protagonizadas por la combinación entre música y dibujo.

En cambio otra novedad de este año es el Premio Telefónica Incentivo I+D, que ha recaído en los brasileños Thiago Hersan y Radamés Ajna. Por primera vez, además del premio económico destinado a la producción, los artistas disfrutarán del apoyo tecnológico del equipo I+D de Telefónica, incluyendo una residencia en el espacio I+D de Barcelona. “Estas nuevas iniciativas demuestran la voluntad de abrir los premios a las dinámicas actuales: por un lado involucrando las redes sociales con el Premio del Público y por el otro incorporando al elemento artístico la innovación tecnológica y la experiencia de los departamentos I+D de la compañía”, concluye Mónica Bello.

El concurso VIDA, que fue concebido en 1999 por el célebre artista de origen mexicano Rafael Lozano-Hemmer, suele presentar anualmente los ganadores del certamen en distintos espacios de la capital madrileña. La próxima exposición, que coincidirá con la celebración del XV Aniversario del concurso, se celebrará en el nuevo Espacio Fundación Telefónica de la Gran Vía (Madrid), entre el 12 de marzo y el 20 de abril de 2014.

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