Las redes sociales serán nuestra perdición (El asombroso efecto Newman)

Lejos de ser catastróficos, con este título queremos tan sólo llamar la atención sobre el fenómeno generalizado de la lectura en 140 caracteres o “lectura twitter”. Se suele leer cada vez menos y a menudo ni siquiera se llega a superar el rompiente del titular, demostrando que nuestra sociedad de la pequeña pantalla está cada vez más acostumbrada a una lectura homeopática.

El tiempo para leer los 140 caracteres, parece haberse convertido en un estándar para todas las plataformas de la red. Además hoy en día casi toda la información se canaliza a través de Facebook que se ha consolidado como el principal mensajero de noticias del mundo. Como cabía esperar esta situación está generando unas calamitosas consecuencias que, quizás no son muy evidentes para todos, pero desde la perspectiva de quien trabaja en prensa son cada día más reales. ¿Si no cómo se podría explicar, que el pasado mes de enero la muerte del célebre actor americano Paul Newman se volviera a poner de siniestra actualidad?

Paul Newman en EL PAÍSLas redes sociales y la frivolidad con la que se maneja la información permitieron que en unas pocas horas la noticia de la muerte del actor se convirtiera en trending topic, pese a que falleció hace ocho años. Lo que empezó a circular imparablemente fue un artículo de 2008 que anunciaba el triste acontecimiento y en Archive.org se puede todavía apreciar como el 27 de enero de 2016, el obituario de Paul Newman, publicado en 2008 se impuso como la noticia más leída en la sección de Cultura del diario EL PAÍS.

Este preámbulo nos permite llegar a lo que nos interesa de verdad ya que el pasado 31 de marzo el asombroso “efecto Newman” alcanzó también el mundo de las artes digitales.

Casi coincidiendo con el April Fools Day, Dead Drops, el célebre proyecto del artista y artivista Aram Bartholl se convirtió en la noticia estrella de los medios de comunicación en castellano cinco años después de su lanzamiento. Un efecto que debe haber sorprendido el mismísimo Bartholl que estará todavía preguntándose por qué oscura razón un proyecto que fue actual en 2011 se convirtió en 2016 la noticia más leída de España.

Aram Bartholl

Aram Bartholl

A principio de 2012 publicamos el proyecto en El Arte en la Edad del Silicio (Memorias callejeras 27/01/2012), pero sin explicación racional alguna Dead Drops se hizo viral cuatro años después y como tal volvió a aparecer en la sección de Tecnología del diario EL PAÍS.

El contagio evidentemente no fue propagado por el principal diario en lengua castellana, sino por las redes sociales y en especial modo por Facebook que proporcionó a una indolente masa de aburridos lectores un vídeo y un titular fáciles de comprender y compartir. Sea bien claro, apreciamos y valoramos el trabajo de Bartholl y nos encanta que se conozca, aunque no nos parece del todo justificable que los medios se hagan eco de una información de esa forma tan desfasada.

En 24 horas la noticia rebotó por BBC España, Mundo Deportivo, El Periódico de Cataluña y Europa Press para citar sólo algunas de las fuentes más destacadas.

Menos fortuito de lo que parece, el “efecto Newman” pone de manifiesto un fenómeno que nos deja cada día más asombrados y a menudo pasa desapercibido a la mayoría de los lectores. Por lo que se refiere a Dead Drops, solo Uncovering Ctrl se dio cuenta del traspiés informativo y en el caso de Paul Newman hubo alguien (@ResiVil) que con un poco de ironía afirmó: “no me puedo creer que haya muerto Paul Newman, eso sí, el día que muera Michael Jackson me da algo”.

Tan sólo hace falta mirarse alrededor para darse cuenta de que el papel ha desaparecido. El soporte dominante es la pequeña pantalla que fatalmente suele abocar a lecturas rápidas y superficiales. La información se anuncia en un proceso que tiene mucho que ver con el acto de piolar al viento. Las noticias van rebotando sin ser cotejadas y terminan deformándose probablemente también con la muda aprobación de algunos interesados. Se van difundiendo así falsas verdades que luego terminan siendo tema de debate y generan una frívola cacofonía que terminará con nosotros. Puede que con razón, un día alguien señalara que “en el principio de los tiempos hubo un malentendido y este será nuestra perdición”.

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