La Revolució és una ficció la Ficció és una revolució

Roberta participa en «La Revolució és una ficció la Ficció és una revolució», una propuesta de Joan M. Minguet.

El proper 2 de novembre 2017 s’inaugura «La revolució és una ficció, la ficció és una revolució: un assaig«, proposta de Joan M. Minguet. Es tracta d’un projecte col·lectiu on es pretén fer un assaig en el marc d’una exposició (és això possible?) que mostra com la paraula i el concepte REVOLUCIÓ ens ha estat robat, l’usa tothom i des de tot arreu, i no sempre amb el contingut de revolta, d’insubmissió que la paraula i els fets havien tingut. La revolució es dilueix, però hi ha revolucionaris, gent amb voluntat de transformar les coses. Potser la FICCIÓ és un camí per a fer-nos més revoltats? Té raó un cartell històric quan diu que «El arte es un arma de la revolución»?.

EINA, Espai Barra de Ferro (Barcelona).
2 de noviembre – 16 de noviembre.

Wunderkammer. Objetos utopicos

El Arte en la Edad del Silicio participa en «Wunderkammer. Objetos utopicos» una intervención de Ricardo Iglesias.

Fechas: del 4 al 28 de febrero del 2019.
Lugar: Biblioteca de Bellas Artes de la Universidad Complutense (Madrid).

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La intervención propone la creación de una Wunderkammer o “Gabinete de Maravillas” al estilo de las creadas en los siglos XVI y XVII, espacios que coleccionaban y exponían objetos exóticos provenientes de todos los rincones del mundo conocido junto a innovaciones e instrumentos científicos. Estos espacios tuvieron un papel fundamental en el desarrollo de la ciencia moderna, generando nuevos conocimientos y avances con un planteamiento claramente utópico de progreso. En los Gabinetes de Maravillas, las colecciones podían organizarse en cuatro categorías, denominadas por sus nombres en latín: artificialia: en la que se agrupaban los objetos creados o modificados por la mano humana (antigüedades, obras de arte); naturalia: en la que se agrupaban las criaturas y objetos naturales; exótica: en la que se agrupaban plantas y animales exóticos; scientífica: en la que se agrupaban los instrumentos científicos.

+InfoPDF Dossier de prensa.

UN ÁLBUM de MERCÈ SOLER en CHIQUITA ROOM

…y al final la Roberta se ha convertido en una obra de arte 😀

«El 15 de febrero cenaron en la galería un poeta, una periodista, un calígrafo, una actriz, un escritor y una tipográfa, en torno a una mesa que es el álbum de experiencias de Mercè Soler. Un álbum que no tiene imágenes, sino una serie de palabras inscritas en su memoria. Y en la mantelería, la vajilla, los cubiertos y las copas. Ella no estaba. Y sí estaba. Invitó a estas seis personas, que trabajan directamente con el lenguaje, para compartir su intimidad y generar un nuevo álbum, el que surja de esa noche.

Eduard Escoffet, Roberta Bosco, Oriol Miró, Sonia Barba, Pol Guasch y Laura Meseguer activaron esta exposición con esta cena, que documentaron de forma analógica: sobre el papel de una libreta, el carrete de una cámara de fotos, la cinta de una grabadora. En la inauguración, se pudo ver “una foto” de lo que pasó aquí. Con todo lo demás, Mercè crea una nueva pieza: un libro de artista, una edición, que será el álbum de esta cena especial y presentamos al final de la exposición.

Más info ☞: Exposición Un álbum en la galería Chiquita Room de Barcelona.
Gráfica de la exposición Ambar Amill@ambaramill
Inauguración: miércoles 16 febrero de 2022, 19h.

Marinas digitales para el siglo XXI

Backup” del artículo original “Marinas digitales para el siglo XXI” publicado por Roberta Bosco y Stefano Caldana el 20 de enero de 2016 en Aquae Blog.

Rafaël Rozendaal

El agua ha sido presente a lo largo de toda la historia del arte fluyendo en las prácticas pictóricas con un protagonismo comparable con el mismo retrato y en la actualidad su poder iconográfico no podía pasar desapercibido a los artistas de la escena digital.

Desde un punto de vista plástico esta investigación ha tenido su apogeo con la representación del paisaje de William Turner, quien con sus mares en tormenta y los juegos generados por los reflejos de luz, casi se adelantó al impresionismo y a los artistas de la época de Manet. Como nos recuerdan las obras de Monet, Sorolla y Dalí entre innumerables otros, muchos artistas se han enfrentado con la representación del mar. Pero ¿Cómo se puede animar electrónicamente el agua? y ¿Cómo se puede animar el reflejo de la luz en el agua?

Intenta responder a las preguntas el brasileño-holandés, afincado en Nueva York, Rafaël Rozendaal, un artista de la escena digital que a través de la programación ha dado vida a unas páginas web que con toda razón se pueden definir lienzos digitales. Aunque su trabajo aborda temáticas más amplias y no se centra exclusivamente en la representación del agua, en su amplia producción para la red, que reúne ya más de cien obras de net.art, este elemento destaca en diversos proyectos.

nothing ever happens .com de Rafaël Rozendaal

Si nos permiten el juego de palabras, os invitamos a navegar entre algunos ejemplos como nothing ever happens .com (2013), una sencilla superficie donde la programación va definiendo el movimiento -sólo aparentemente aleatorio- de unas líneas que separan áreas donde se alternan los colores blanco y negro. Pese a que como admite el título de la obra nunca pasa nada, resulta evidente que Rozendaal ha conseguido animar electrónicamente el agua o por lo menos jugar con los colores para inducir en el espectador la sensación de estar observando los reflejos de la luz y el movimiento de una superficie líquida.

goodbye farewell .com de Rafaël Rozendaal

A Rafaël Rozendaal la fascinación por el agua y su representación en la historia del arte, le viene de lejos, como demuestran obras que ahondan en esta investigación. En goodbye farewell .com (2011) observamos los reflejos de la luz de la luna en un mar que parece mecerse aparentemente indiferente. Sin embargo con una cierta atención descubriremos que la superficie marina reacciona imperceptiblemente con la interacción del ratón. Algo parecido pasa en mechanical water .com (2012), una obra que despliega una abstracta superficie de agua en continuo movimiento, casi una entidad marciana o como el título sugiere, simplemente agua mecánica, animada por un continuo estremecimiento, casi un pulso eléctrico que consigue dar vida a un lienzo abstracto que reacciona a los movimientos del ratón.

Irreverente y enigmático, Rafaël Rozendaal quien lleva tatuada la palabra “internet” en el interior de los labios, es quizás el artista de la escena del net.art que ha conseguido sacar mejor provecho de su práctica artística. Nunca ha sido fácil encontrar coleccionistas interesados en obras creadas exclusivamente para la red, sin embargo Rozendaal ha producido más de cien piezas para la red y ha conseguido vender muchas de ellas. Por lo menos así lo pregonan los nombres de los coleccionistas, que aparecen juntos al título de muchas obras en la pestaña del navegador. A pesar de su naturaleza virtual, podemos afirmar que las creaciones de Rozendaal siguen siendo objetos, de hecho el artista mismo define Internet “su lienzo”. No insistiremos ahora en el eterno debate sobre cómo se puede considerar “objeto” un elemento intangible que se materializa a través de la programación informática, pero queremos subrayar el parecido entre estas obras para la web y las pinturas tradicionales. Aunque en ocasiones reaccionan a la presencia del espectador, básicamente las creaciones de Rozendaal son páginas web, que reproducen al infinito una simple animación.

looking at something .com de Rafaël Rozendaal

Según se lee en la pestaña del navegador looking at something .com (2013), donde el artista nos invita a interactuar con la lluvia en un juego infinito entre un día soleado y una tormenta, ha sido adquirida por la colección de Motoi Sadakane and Copilot inc. Eludiendo la componente conceptual que caracterizó los primeros años de la escena del net.art, las obras de Rozendaal bien se adaptan a los dogmas del mercado del arte. Se trata de páginas web dotadas de su dirección individual que coincide con el título de la obra, lo cual las hace más fácilmente vendibles. Lo demuestra el hecho que Rozendaal haya conseguido vender ya casi la mitad de su producción a coleccionistas conocidos y anónimos, atraídos por su peculiar y perfectamente legal contrato para la venta de obras de net.art.

why was he sad .com de Rafaël Rozendaal

Volviendo al tema del agua, os proponemos el irritante to the water .com (2010), una animación que juega con la eterna metáfora del vaso medio lleno de agua, que parece querer escaparse de las manos del espectador como un enigmático moscardón. En cambio why was he sad .com (2002), que ha pasado a formar parte de la colección del artista Miltos Manetas, se parece más a un haiku visual o un jardín zen, donde un hipnótico cielo surcado por nubes al compas del jingle inicial de Farewell to Cheyenne del compositor italiano Ennio Morricone, ofrece al público la posibilidad de explotar las nubes con el ratón o simplemente no hacer nada.

i am very very sorry .com de Rafaël Rozendaal

Terminamos con i am very very sorry .com (2002), una propuesta minimalista, casi un epitafio flotando en algo que podría parecer un alcantarillado, donde sólo se puede presenciar al lacónico y aleatorio gotear del agua en un charco como un recordatorio del inexorable paso del tiempo.

El impacto medioambiental de Google

Backup” del artículo original “El impacto medioambiental de Google” publicado por Roberta Bosco y Stefano Caldana el 6 de octubre de 2015 en Aquae Blog.

Sin tomar en consideración la actividad de las industrias, está comprobado que el tráfico aéreo genera menos contaminación que los tradicionales medios de transporte, pero ¿puede ser superado por las emisiones generadas por la actividad de los usuarios de la red? La asombrosa respuesta es sí. Lo demuestra la artista catalana Joana Moll (Barcelona, 1982) con su CO2GLE, un proyecto artístico que revela un dato sorprendente: navegar en la red contamina más que volar con un avión. De hecho, sólo la lectura de este artículo supone una emisión en la atmósfera de aproximadamente 0.17 gramos de dióxido de carbono (CO2).

Toda actividad humana implica un coste para el medioambiente, que se puede plasmar en porcentajes de emisiones de gases contaminantes en la atmósfera y entre todos ellos, el dióxido de carbono es uno de los más nefastos para el clima mundial y uno de los principales responsables del efecto invernadero. Todavía no se ha llegado a entender exactamente la repercusión de la actividad de los internautas para el medioambiente, aunque según estudios recientes Internet es responsable del 2 % de las emisiones globales de CO2. En promedio la producción de 1 Kwh. de energía emite 544 gr. de CO2 y son necesarios 13 Kwh. para transmitir 1GB de información, lo que equivale a 7,07 Kg. de CO2.

Evidentemente todos estos datos son aproximativos y afortunadamente este espacio de la Fundación Aquae sigue manteniéndose en unos márgenes de contaminación aceptables si los comparamos con el efecto diario generado por las emisiones de sitios muy populares como Facebook, YouTube o Google. Este último es el sitio más visitado de Internet con un promedio aproximado de 47.000 solicitudes cada segundo. Considerando que su web pesa cerca de 2 MB, se puede afirmar que a raíz de su uso la atmósfera recibe una cantidad que se acerca a los 500 Kg. de CO2 por segundo.

Todo esto se desprende de CO2GLE, un nuevo proyecto para Internet de la artista, docente e investigadora Joana Moll, que se expondrá a partir de mañana en The Promise Of The Internet, una exposición organizada por Connect The Dots. La obra de Joana Moll, que se proyectará en distintos espacios del vanguardista centro de arte de Sheffield (Reino Unido), es una despiadada y cruda página web que, gracias al empleo de un algoritmo, evoluciona inexorablemente relatando a través de los números la irremediable realidad sobre la cantidad de dióxido de carbono que Google lanza en la atmósfera. “CO2GLE se sitúa en una zona ambigua entre arte e investigación. Es una performance virtual simbólica, que intenta crear un espacio para la reflexión y el pensamiento crítico en relación a las consecuencias materiales de la híper-aceleración del infospace”, explica Moll, una creadora transdisciplinaria que trabaja en la investigación creativa sobre el uso de las nuevas tecnologías y su repercusión en la sociedad contemporánea.

La artista nos explicó como la idea de CO2GLE surgió después de varios años investigando los métodos de videovigilancia civil en la frontera entre Estados Unidos y México para Arizona: move and get shot, su anterior trabajo. “Me dediqué a estudiar cómo ciudadanos civiles controlan la frontera desde sus casas a través de cámaras web y plataformas online, que les permiten denunciar a las autoridades la entrada de inmigración ilegal en territorio estadounidense. Durante esa exploración me preocupó mucho la desconexión entre la acción y la consecuencia al operar por el medio digital, sobretodo la dilución de las responsabilidades de la acción y sus implicaciones éticas, políticas, económicas y medioambientales”, indica Moll relatando como a través de esa inquietud, a finales de 2013 empezó a preguntarse acerca del impacto material del uso de Internet.

“En realidad no tenía muy claro por dónde empezar y comencé a investigar la cantidad de kilovatio-hora (Kwh.) que se necesita para cargar la información en la red. Obviamente este proceso se traduce en emisiones de dióxido de carbono (CO2), y me pregunté cómo es posible que una conexión tan obvia estuviera tan desdibujada en la imaginación social. Calcular las emisiones exactas generadas por las comunicaciones en la red es extremadamente difícil debido a la gran cantidad de actores participantes en el proceso, entonces CO2GLE nació con la idea de hacer visible la materialidad de lo virtual y resaltar esa conexión”, concluye Moll que actualmente está desarrollando un plugin para navegadores, que permitirá calcular en tiempo real las emisiones aproximadas que un usuario genera al navegar por la red.

Sin embargo su investigación no concluye allí y sin ahondar mucho en la repercusión ecológica generada por las principales industrias, la artista ha querido compartir con nosotros también unas estadísticas sobre la contaminación de los pequeños objetos domésticos y las acciones cotidianas, que a pesar de llevar tiempo circulando por la red parecen no haber generado mucha sorpresa en la opinión pública. Sin embargo hay datos asombrosos, por ejemplo planchar una camiseta produce una emisión de 25 gr. y un minuto de llamada por el móvil puede alcanzar los 57 gr. En cambio se calcula que un tweet genera aproximadamente 0.2 gr. de CO2, mucho menos que los 4 gr. que requiere enviar un email o los 12 gr. necesarios para mantener encendido un ordenador portátil durante una hora.

El cachalote que quería comer

Backup” del artículo original “El cachalote que quería comer” publicado por Roberta Bosco y Stefano Caldana el 21 de agosto de 2017 en Aquae Blog.

El planeta está herido de muerte, como el triste simulacro del cachalote hallado muerto en la playa de Castell de Ferro de Granada en 2012, que se expone en el Centre del Carmen de Valencia.

Pese a que el grande mamífero marino de 10 metros de largo no está presente físicamente en el centro de arte valenciano, la imagen sigue siendo igual de sobrecogedora. Un expositor de las mismas dimensiones del cetáceo, despliega todo lo que se encontró en el interior de su estómago: 30 metros cuadrados de cubierta de invernadero, 2 macetas, 2 mangueras, 7 sacos de arpillera plastificada, 5 cuerdas por un total de 9 metros, 4 bolsas de plástico de abono, 1 bote de detergente, 1 percha, 2 garrafas de plástico… una lista aterradora como una innecesaria autopsia o la amarga crónica de una muerte anunciada.

El Cachalote es una de las piezas más impactantes y alarmantes de La deriva de un gesto post-romántico, una muestra individual del artista multidisciplinar Hugo Martínez-Tormo (Valencia, España, 1979), compuesta por cinco instalaciones inéditas que se proponen despertar el público y concienciarle sobre el imparable proceso de contaminación y el exceso de residuos que acaban esparcidos a lo largo y ancho de la costa y el territorio valenciano.

 

“La cantidad de residuos plásticos que acaban a la deriva en los mares y océanos, está creciendo exponencialmente cada década, convirtiéndose en una de las problemáticas medioambientales que más preocupan en la actualidad. ¿Cómo podemos invertir esa tendencia para poder vivir de una manera eco-sostenible? A la vez que el progreso tecnológico es imparable, también debe serlo la preocupación por la sostenibilidad del planeta”, explica Martínez-Tormo, un artista que a menudo utiliza las nuevas tecnologías y siempre de una forma sutil y original.

El hilo conductor de la narración que toma forma en La deriva de un gesto post-romántico, son dos botellas de plástico, que el artista encontró accidentalmente en un espacio al que no pertenecen y donde no deberían estar: una en el Parque Natural de la Albufera y la otra en el Espacio protegido y patrimonio natural del Saler. Después del estudio y la documentación fotográfica de las dos botellas, Martínez-Tormo las ha reproducido a través de un modelado 3D. Esta información, que no es otra cosa que la representación matemática de cualquier objeto tridimensional, se ha convertido en el elemento fundamental de dos instalaciones electromecánicas, controladas por unas impresoras 3D deconstruidas de las que se conservan sólo los elementos básicos y sus motores.

 

3DlightPrinter_Plastic Bottle genera una composición lumínica a partir de los reflejos y los juegos de luz y sombra producidos por los movimientos de la superficie de unas cubetas circulares llenas de agua. Las tenues oscilaciones del líquido son generadas por los motores de las impresoras 3D deconstruidas, que funcionan como si estuvieran imprimiendo ininterrumpidamente en el agua, una botella de plástico invisible. Como en la instalación del cachalote Martínez-Tormo vuelve a trabajar con el elemento ausente que se convierte en una presencia ineludible. En este caso se trata de la botella de plástico, hilo conductor de unas obras que plantean al espectador una realidad a menudo negada y ocultada, si bien es más que evidente.

 

Lo mismo pasa con 3DsoundPrinter_Plastic Bottle, donde otra vez la invisible botella de plástico es el deus ex maquina de una obra que genera una composición sonora parecida al ruido del mar y las olas mediante la oscilación de unos tubos de aluminio y el roce de unas partículas que se deslizan en su interior. Toda la instalación está controlada por los motores de las impresoras deconstruidas que actúan como si estuvieran imprimiendo una botella de plástico.

En las dos obras Martínez-Tormo aboga para un uso sostenible de las nuevas tecnologías, cuestionando su funcionalidad y la finalidad para la que han sido creadas. “Siempre pongo un ejemplo. Qué pasaría si alguien se cuestionara el funcionamiento de una simple lavadora, una nevera o un lavavajillas y empleara sus componentes básicos para destinarlos a otra finalidad. ¿Tal vez podría capturarse la humedad del aire y acabar con la sed en África? Tal vez sea un ejemplo muy extremo, pero este es el objetivo de cuestionar el sistema y lo que éste te dice”, afirma Martínez-Tormo.

 

La botella vuelve a ser la protagonista en 1.16.625, una serie fotográfica cuyo título hace referencia a los más recientes estudios científicos sobre el proceso de fragmentación de una botella de plástico que flota a la deriva en el mar. “A lo largo de un año la fragmentación y degradación de una única botella por agentes climáticos, como el sol o las propias olas, se materializa en unas 16 partes, cada una de las cuales se dividirá a su vez en otras 625 subpartes de menos de cinco milímetros”, indica el artista. Como diminutas bombas de relojería medioambientales los fragmentos de plástico en los mares producen compuestos muy tóxicos, como el Bisfenol A, que contaminan el agua y acaban siendo ingeridos por los animales acuáticos, regresando así de nuevo al ser humano.

 

La deriva de un gesto post-romántico termina con Message is the bottle, una instalación audiovisual interactiva que reacciona a la presencia y los movimientos del espectador. Este genera las olas de un océano artificial en el que flota a la deriva una botella virtual previamente diseñada en 3D. En la obra, que se plantea como metáfora de una situación medioambiental idílica donde el ser humano controla y gestiona todos sus residuos, el público se convierte en el timón que guía y condiciona el movimiento de la botella. “El gesto romántico de lanzar al mar una botella con un mensaje en su interior, queda sustituido por una visión más ecológica y respetuosa con el medioambiente. ¿Qué mensaje estamos lanzando con tan romántico gesto? El mensaje ha dejado de estar en el contenido para estar en el continente. La botella es el mensaje”, asegura Martínez-Tormo, convencido de que la cultura tiene que enviar mensajes y dar visibilidad a las problemáticas. “La solución tiene que nacer de cada uno de nosotros. Yo soy consiguiente con mis actos y considero que todos deberíamos serlo. Si todos actuáramos con coherencia y sentido común respetando nuestro entorno viviríamos mucho mejor”, concluye el artista.

La deriva de un gesto post-romántico es la primera exposición que surge de las convocatorias públicas de producción artística y apoyo a la investigación, lanzadas por el Consorci de Museus valencianos. Se podrá ver en el Centre del Carmen de Valencia hasta el próximo 17 de septiembre y luego continuará su itinerancia en el Museo de la Lonja de Alicante, donde se inaugurará el 29 de septiembre y en Barcelona donde recalará en febrero 2018.